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jueves, 9 de abril de 2009

Pierre Bresson




Pierre siempre fue obsesivo, decían que esa característica lo había transformado
en uno de los mejores fotógrafos de guerra, jamás sacaba una foto, que no
pudiera ser primera plana de cualquier periódico del mundo. Klaus su
compañero por años, siempre contaba que para Pierre el azar no existía,
ni aún en medio de la guerra, por eso había podido salvar su vida, cuando
lo alcanzó fuego cruzado de francotiradores en Bosnia.
Era terco, obcecado, sociable y solitario a la misma vez. A los 42 años,
cansado de los manejos de la agencia que le retaceaba la compra de fotos,
decidió publicar una serie de escritos, más bien notas, que recolectó
con paciencia de artesano durante su estadía en Corea.
Pierre nunca supo que tenía cáncer de pulmón, aunque notaba que ya no
podía correr sin agitarse. El último suceso fue plena selva, una noche
trastabilló y fue capturado por una patrulla de fuerzas chinas que venían
tras el ejército en plena retirada. Siempre conservó un estado físico muy
atlético, jamás una chica le decía que no, a ese joven flaco y musculoso, que
cargaba cámaras,anécdotas y una mirada profunda de ojos claros. Su estatura
era mediana, el cabello negro contrastaba con la incipiente barba canosa que le
crecía en forma tupida.
Klaus, alguien así como un mejor amigo, conocía su incapacidad para
mantenerse presentable, lo torturaba diciéndole que no eran necesarios
más que unos minutos para verse bien prolijo. La respuesta de Pierre
era la misma siempre," Nunca sé cuánto tiempo me queda, eso depende
de la guerra, ella decide cuando puedo dedicarme a mí barba".
Pierre que entendía a su amigo, jamás pudo darle la razón y hoy

a la distancia, vemos las últimas fotos que sacó Pierre y podemos
observar sin ser entendidos en este arte, cuánto tiempo le tomó
estar ahí para capturar esa imagen o ese gesto.
Todo cuanto decía una foto era algo que Pierre estaba diciendo, nunca
aceptó las reglas del siglo veinte pero se reconoció en él como pocos.
Tampoco quiso ser un predicador o un denunciante, esa no es mi labor
decía, pero sus fotos no pensaban igual.
Un monje budista que lo cruzó en el puerto quiso obsequiarle una flor para
que lo acompañe en su camino, aunque Él la rechazó con una dura negativa.
Sin embargo, el día de su muerte fue el único objeto que encontraron en el
cuarto del hotel junto con sus cámaras, ya que se había desprendido de todo.
Su ropa, sus valijas, su sombrero y los libros fueron encontrados en una aldea
cercana a Inchon.
Sus conquistas amorosas duraban una semana y jamás estaba más de ese
tiempo junto a la misma mujer. Pierre se había enamorado perdidamente
de su ex-mujer Juliette madre de sus hijos, cuando ella lo dejó según su propio
relato, la pena que lo atravesó fue más poderosa que todas las balas de
mortero que escuchó en su vida.
Nunca se pudo quitar ese dolor del alma, así sus partenaires eran expulsadas
al instante en que Pierre percibía que empezaba a encariñarse con sus
nombres, perfumes, gustos y formas de amar.

Kunu Ri : el patrullaje del río desde unas pequeñas lanchas de pescadores, no
parece atraer la atención de los soldados ubicados al Norte, salimos desde la  
ribera Sur del río Ch'ongch'on, los soldados bromean con la comida de
Philadelphia, pero enfrente tienen soldados débiles con una fortaleza
inquebrantable. Aún luego de haber luchado durante toda la gran guerra contra

los orientales, los americanos se vanaglorian de su superioridad.
Vamos camino a la montaña para bordear el río y sorprender a los coreanos,
en sí no creo que puedan lograrlo. No paran de hablar de los Phillies, y de la
liga de béisbol, la increible serie mundial perdida con los Yankees de Nueva
York.
Hay sonidos de disparos dispersos.
Pienso en Juliette, nunca pude dejar de pensar en ella, en los momentos
en que luego de hacer el amor, se le escapaban algunas lágrimas.En su
silencio cuando le preguntaba por su padre muerto en su infancia.
Siguen mofándose de los coreanos, para ellos todos son ojos rasgados,
no hay personas, solo enemigos tontos que sonríen más y más, o gritan,
hasta que no hay más remedio que jalar el gatillo.
Como estará creciendo Jacques, me reconocerá y la pequeña Annette,
crecerá tan bella como su madre.
Llegamos a la ladera este de un pico de 300 metros, pronuncian su nombre
con dificultad, Sunchon-kunu-ri, no entiendo bien.
Ahora me miran y no comprenden mí miedo, algunos de ellos se muestran
aturdidos por mi mirada. Se puede oler la muerte a pocos metros, hay silencio,
misterio y negrura. Ya envié los últimos francos que me quedaban, ahora
debo esperar por la próxima paga, con la comida tóxica que desperdician
los soldados alcanzaría para vivir décadas.
Avanzan, los oigo, son pasos muy fuertes, otra unidad se viene acercando, los
árboles empiezan a temblar. Un estruendo siembra el desconcierto entre los
soldados, hay gritos sordos de dolor, por el humo no se logra localizar de donde
provienen, el sargento de comunicaciones no responde, perdieron contacto, es
de noche y la fogata alrededor del campamentoilumina los rostros muertos de
los soldados. Este día parece una repetición del anterior. Sin embargo esta vez
Pierre no pudo escapar, sus ultimas fotos reveladas post-mortem ganaron el

Pulitzer.

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