domingo, 26 de julio de 2009

Al Final



Estuve de viaje por el fin del planeta,
quisiera contarle a Liliana que me llamó desde Bélgica
que se siente haber tocado el agua helada del Sur.
Sobrevolando la cordillera me acercaba
hacia la ciudad que mira hacia el Sur infinito.
Pensé vagamente, rodeaba lagos de extrema belleza
y las palabras huían de mi como si no tuviera otra cosa
que hacer salvo mirar y entonces me pregunté
que significa estar vivo, saber que difícilmente alguien pudiera
rastrearme por esos senderos de hielo.
Un pico, dos o más lavados por los glaciares y con sus puntas
redondas, seguramente hubo seres que pudieron ver esos dos
momentos que son un arbitrario antes y después. El mismo
capricho que llama aquí a este lugar y allá al otro, cual otro ?
Probablemente lo que quería contarle es que muchas veces
estás en presencia de ese lugar y de esa persona, y sin embargo
es una curiosidad o una frase, el olor o un color lo que lo
convierte en diferente de ahora para siempre.
Igualmente algo encontré en una isla del canal de Beagle,
y aún permanezco conmovido, aunque sé que no estuve allí,
aunque hayan pasado mas de veintisiete años, y aunque sea
escéptico al respecto, la sangre se me paralizó y dejó de circular
cuando pisé ese lugar, supe que si bien no eran esas islas bien
podrían haberlo sido y la distancia de espacio-tiempo
se borraba de repente.
Respiré el aire helado que respiraron esos chicos, oí sus gritos
toqué su miedo y vi sus rostros embetunados como una repetición
de mortero uno tras el otro.
Difícilmente se me pueda borrar esa impresión, fue mucho más
que eso y lo único que quisiera es poder contarlo mejor,
no es que sea más real que la imagen de un lobo marino nadando
bajo el mar transparente, sólo que esas imágenes y sonidos
eran alguna clase de transmisión escondida allí, para el primer
receptor que las pudiera decodificar.
En medio del insomnio traté de bucear en esos mensajes
y me dí cuenta que también había lenguas que no comprendía y
frases cortas, monosílabos y el goce seguido del miedo desgarrador.
Debe haber habido alguien allí, que fue testigo de todos estos hechos
y los dejó para que quien los tomara se encargara, que nunca más
especie alguna sobre este planeta repita lo macabro y absurdo
de suponer con certeza absoluta que hay una educación,
una forma de vivir, una sexualidad, una única idea política válida.
Y regresé desde mí hacia la huella de las palabras contenidas en el
mensaje, musicalizando el encuentro con la tremenda sensación
de dolor e inmensidad.
No hay nada más allá, y para que lo querriamos.
Bosque, lago, duende, hielo, flor, patos, bruma, montaña, deseos.
En el corto trayecto, dí de comer a unos pequeños zorros y
la carrera de los mismos dibujó un cerco invisible entre
el borde y mis ideas.
De la piedra saldrá un símbolo, lo palpito.
Las voces vuelven peregrinas, buscan un escucha,
saltan hacia el abismo del silencio, crean huecos, filtran sonidos,
no me confundo.
Son sus voces otra vez, las de ellos, los que no están.
Se hundieron bajo el canal en el más helado de los silencios,
nunca entendieron porque los arroparon, en dulce antesala
de la muerte.
El testimonio regresó con el tiempo y se ubicó
sobre el casco de miles de jóvenes que sufrieron
con otras armas el mismo destino.
La intolerencia, violencia, sometimiento, tortura y mucho silencio,
silencio de mar, sonido de aguas, profundo sonido en busca de paz.

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