Translate

domingo, 24 de mayo de 2009

En paralelo




Damián caminó unos pocos metros, creyó que el cielo le debía algo,
Juan su amigo, había nacido seis meses después que él. De hecho
Juan lo acompañó en la noche en que se lo llevaron. Parece otra frase
de un mismo país, aunque no es la misma frase, pero significa lo mismo.
Damián seguía pensando en Juan su hermano del alma, casi hermano
de sangre, lo extrañaba, le hacía falta. Ahora que el miedo dejaba de
ser una sensación Juan no estaba, tampoco estaba su risa motora, su
humor brusco ni su paciencia infinita para ganarse una mina.
Él seguía pensando que desde lejos Juan estaría mirando todo lo
que le sucediera aún cuando esto fuera apretar el gatillo, Juan era
muy cristiano y no creía en la guerra ni en las armas, paradoja de
su educación casi militar, casi católica.
Damián cavaba un pozo en busca de refugio para sus enseres ahora
que debía poner a resguardo las provisiones sobrantes del gordo
Ojeda y del correntino Luque que ya no estaban.
Seguía pensando en Juan, en la ruleta de la vida que lo había puesto
a Él tan lejos de su amigo.
Lo necesitaba, Él sabría que hacer. Sería mejor quedarse o rendirse,
correr por su vida como un cobarde y morir otra vez, quién era
el asesino, un uniforme verde claro o el uniforme también verde más
oscuro.
El tano Luciani había contado que los que huían eran liquidados en
silencio, todos les preguntamos porque, y decía que las balas del enemigo
te dan nombre en cambio las estacas de tu propia bandera te lo quitan.
Donde estará Juan, a quien le podré contar con detalle todos los
nombres de la muerte, creo que después de todo aprendí algo
antes que Él, el olor que tiene el final, lo voy presintiendo,
primero huele a rosas y luego se va resquebrajando para oler
a piñas chamuscadas, después es alcanfor profundo. Si al menos
pudiera escribirle para que reconozca eso…
Juan, donde estás? Estoy vendado y no siento mi pierna derecha.
I don’t understand. I beg you pardon.
No, basta Juan, tu vieja no se murió la mataron como mataron a tu viejo
también me mataron a mí. No, no hay un túnel con una luz blanca al final.
Sólo hay olores, el olor del miedo que no tiene sustancia ni color, es espeso
e infinitamente frío. Tapame que quiero recuperarme para verte Juan,
Cuando me saquen estas vendas te voy a poder mirar. Fueron tres meses,
parecieron cien años.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Autonomía

Vértices como calibres de dulzura Digo la huella del quijote Cuento lo que habla por mí Intento ser viento y t...