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martes, 21 de abril de 2015

Tio Julián

Dentro de dos días mi tío Julián hubiera cumplido sesenta años, me cuesta pensar que ya no está y que cuando trato de acordarme de su cara, la única imagen que veo es su sonrisa cuando tenía veinte años, ambos estábamos en la plaza y el trataba de explicarme  como hacia Pelé para parar una pelota. Era el hermano menor de mi mamá y vivía con nosotros. Evoco esos momentos cada 15 de Febrero, y lo primero que veo allí en esa falsa pantalla ampliada es un día de Mayo muy soleado.  Escucho bocinas y bombos sonando con mucha fuerza, al salir al balcón veo columnas de camiones, con mucha gente saltando y cantando. Están contentos, veo alegría en sus rostros, llevan bombos y banderas, pero no reconozco los colores de ningún equipo de fútbol. En el living mis viejos parecen seres atrapados por una mezcla de tristeza y miedo. Esa imagen que conservo hoy nítidamente, es muy fuerte. Es una foto de las primeras veces en que los rostros de mis padres se desencajaron mostrando cierta desesperación cuando el Tío no llegaba. A veces creo que de esa forma aprendimos a prepararnos para vivir sin Él. Esa vez no volvió a casa por dos días. No teníamos teléfono y la única manera que tenía de avisarnos algo era a través de una vecina del piso de abajo. Recuerdo que estaba frente a la televisión y en el noticiero el nuevo presidente saludaba con la banda argentina y el bastón a todos los que lo rodeaban en un clima de festejo. Miré a mi viejo, lo vi más preocupado que cuando en la cancha el árbitro no cobra un penal evidente.  Alcancé a sentir su furia por lo que estaba pasando, lo que me causó una sensación de miedo profundo. Volví a mi cuarto, encendí el grabador y puse el cassette de Confesiones de Invierno, subí el volumen para contrarrestar a mi vecino que emulando al gordo Muñoz gritó un gol de Racing muy fuerte, yo subí más el volumen hasta que el grito de mi madre, logró un armisticio entre Racing y Sui Generis. Tío no compartía mis gustos musicales, había pasado de los melódicos latinos que escuchaba mi vieja a los metales más disonantes de su grupo de amigos. Al principio de primer grado me ayudaba con las tareas y trataba de explicarme algo de circuitos y resistencias que aprendía en la escuela técnica. Ese año, mil novecientos setenta y tres, tuvimos un maestro nuevo, Eduardo. Nunca supimos porque se había jubilado Hilda, pero era claro que todo era diferente. El método de enseñanza era distinto, El decía que ahora se enseñaba Matemática Moderna, nos hablaba de la teoría de conjuntos y aclaró que el manual de tercero no lo íbamos a usar. Hubo un cambio notorio en el trato, nos llamaba por el nombre de pila en lugar de usar el apellido como comúnmente lo hacían las maestras. 
Siempre odié que me llamaran por mi segundo nombre, jamás podía responder porque no me llamaban a mí sino a otro. Creo que sentí odio, aunque en verdad la palabra odio, le queda grande a ese sentímiento comparado con lo que se respiraba en casa y que mi mamá puso en palabras, lo odio al viejo ese, decía desde la cocina hablándole al televisor. El General está ahí, la gente corea su nombre, la Plaza está llena de banderas y su discurso late entre el pueblo. No se lo ve muy bien, será el vidrio blindado o  la tele en blanco y negro, no sé. Ella dice, ves, está el Brujo con la Señora, yo veo también  muchos uniformes militares. Cuánto tiempo más le quedará se pregunta mi mamá. La marcha que cantan, es la misma que silba el loro de mi vecino. No hay nada peor que estos dice mi abuela, no la entiendo aunque creo en sus palabras. Salgo y voy hasta el bar de la esquina, los mozos miran la tele también y aplauden, dejan de atender para prestarle atención al discurso, a mi no me importa, conseguí lo que buscaba, las chapitas de Teem y Cunnington. Los únicos colores que reconocí  en las banderas  de la plaza son los de Argentina, pero en las calles del barrio  todo es azulgrana, parece  que en Caballito no hay hinchas de otro equipo, me pregunto si seré el único hincha de River. Una tarde Tío me llevó a la disquería y compré un cassette que me recomendaron, fue el segundo después del de Sui Generis, no conocía a los que cantaban ni sabía inglés, igual la música me gustaba mucho, mi favorita de ese cassette era Ticket to ride. Cuando le pregunté a Tío si los conocía, se rio un rato largo por mi ignorancia, y dijo que era mejor escuchar bandas en castellano. Supe por él que le habían dicho a mi papá que mi letra reflejaba ciertos problemas, que era mejor que consultara con un especialista. Tío con esa forma de hablar de lo que no se debía, solamente ganaba enemistades y como contraparte limitaban las horas que estaba con él, decían que tenía algunas ideas muy raras. Mejoré bastante después de escribir hojas y hojas repetidas con la corrección de los errores de ortografía. Un día mirando a la biblioteca vi ciertos nombres que me llamaron la atención por lo raro, por ejemplo Guy de Maupassant y su libro Bola de Sebo y El Jardín de los Cerezos de Chejov. Me intrigaba saber si ellos tuvieron errores de ortografía o como era la caligrafía con que escribían. Al final elegí el de Pele que tiene fotos con un detalle de todas sus jugadas porque ese fue un regalo de mi tío. En general cuando yo llegaba de la escuela, el se iba, pero ahora que estaba terminando la facultad lo veía más tiempo, hasta que empezó a irse a unas reuniones de las que  no se podía hablar.
               Por lo poco que podía entender de lo que Tío contaba parecían unas reuniones de religión porque había sacerdotes,  y hablaban de un Dios que vivía entre los pobres, Papá decía que no era el mismo Dios que estaba en la iglesia donde yo tomé la comunión. A ese Dios le quise preguntar por mi tío, donde podía estar, cuando podría verlo, y aún con el oído aguzado no conseguí respuestas. Hago fuerza para recordar su cara y veo una imagen borrosa como la tele con lluvia. Aunque si, surgen ciertas imágenes que puedo ver desde afuera como si otro las estuviera viviendo.

Imagen 1
Recién llego de la escuela, prendo la tele para ver a los Tres Chiflados, pero no están. El noticiero dice que murió el General, toda la familia se acerca a ver lo que pasó. No me doy cuenta si por fin mis padres dejarán de quejarse del Gobierno. Noto que sus caras están llenas de dudas, se preguntan por la nueva presidente. No habrá  paz dicen, esto va a terminar mal. Esta vez hay mucha tristeza en las caras de la tele, lloran por El. Hasta un soldado y un policía tienen lágrimas en sus caras. No entiendo, no era que estamos así por su culpa.     

Imagen 2
Hoy es sábado, es el día que vamos a comprar al mercado de Primera Junta, mi papá ya eligió todos los cortes de carne, ahora estamos en la verdulería y ahí sí puedo elegir algo. Cuando vamos al puesto que vende de todo, nos dicen que no hay azúcar, que está racionado, debe ser cierto porque a todos los que están atrás en la fila les dicen lo mismo. Se escuchan a muchas mujeres quejándose, esto no puede ser, en qué país vivimos, no se aguanta más.

Imagen 3
Salgo a la mañana para ir a la escuela, hay un tumulto. Todos señalan el hueco en la pared de la Escuela de Policía. Dicen que fue un bazookazo, que lo hicieron desde la esquina de casa, que nadie vio nada, que fue de madrugada, que no se puede más, que no se sabe que  están esperando para rajarla. Escucho esas y otras voces. No sé muy bien que pensar, tengo diez años y por fin River sale campeón después de tantos años. Ya no van a poder cargarme más. Este año conocí muchas canchas que no conocía y también la conocí a Adriana. Ahora en el verano la voy a extrañar.


Imagen 4
Estamos en Mar del Plata como todos los veranos y mi viejo no llega, ya es el 24 y lo seguimos esperando, en el diario dice que frenaron un ataque de la guerrilla y que hubo muchos muertos, mi vieja está preocupada aunque no lo dice y en el teléfono de la oficina de mi viejo no contesta nadie. Finalmente a las cuatro de la tarde mi viejo aparece con un montón de revistas y libros para todos, dice que se demoró haciendo unas cobranzas. Ese verano tuvo algo diferente, ahí fue cuando empecé a escribir, mirando el mar escribía, camino a la playa  también, pero donde mejor se daba era en la terraza, en una tarde nublada con una tormenta inminente. Enero terminó rápido, aunque conocí a un señor grande que pateó la pelota con la que estaba jugando. Dijo que se llamaba Pontoni y que jugó en San Lorenzo. Creyó que eso significaría algo para mi, pero mi viejo nunca lo había mencionado, solamente hablaba de Labruna, Moreno, Pedernera o Di Stefano y si, de los goles increíbles del yorugua Walter Gómez.

Imagen 5
En Buenos Aires la humedad es insoportable, los mosquitos no nos dejan dormir. Me despierto y Mamá me dice que no me preocupe que hoy no tendremos clase, que me vuelva a dormir, le pregunto porque, le digo que no es feriado. Ella ya lo sabe, pero igual dice que no hay clases. Me alegro. Al mediodía el noticiero anuncia que hay un nuevo Gobierno, ahora si hay alivio en mis padres. Leo en las revistas lo importante que son esas personas con gorros y caras serias. Aparecen a cada momento el escudo nacional y la bandera. No se puede salir de noche. Salgo al balcón y veo otros camiones que traen soldados que se paran en una terraza enfrente de mi casa. Están apuntándome a mí y a todo lo que se mueve. Se trata de proteger la estación de SEGBA, para que no haya apagones me dicen. Un perro policía corre y ladra al lado de los soldados.  Me asusta pasar por esa vereda, no parece que esos soldados y el perro  vengan a sacarnos el miedo. Al día siguiente al llegar a la escuela veo soldados en la puerta, no son granaderos, no reconozco sus uniformes. El director nos habla, son momentos importantes para la patria; deben ser, pienso.

Imagen 6
Llegamos  al Colegio con mi padre, las escaleras no terminan más. El entra en la secretaria y mientras lo espero, leo en una cartelera dirigida a los padres, sabe usted dónde está su hijo ahora?
La lista es larga y recuerdo haber visto la misma propaganda en la tele, parece que algunos padres no quieren a sus hijos. Pienso si mis padres sabrán donde estoy, cuando tomo el colectivo  para ir al Parque Chacabuco a jugar a la pelota. O si sabrán que me quedo un largo rato frente al edificio donde vive Adriana, antes de tomar el colectivo de vuelta, esperando a que salga. Finalmente subo, escucho The Year of the cat  y recuerdo  sus ojos celestes, que nunca conocerán cual es la relación que tienen con esa canción.

Imagen 7
Hoy es el coloquio, hay que aprobarlo, nos dicen que es tan importante como los exámenes. No entiendo bien de que se trata, nos preguntan por nuestra familia, como está compuesta, de que trabajan mis padres, si somos católicos. Mis padres me aclaran que no tenga ninguna idea brillante ni hable de algo que no sea lo que nos preguntan. No sé que quieren saber, pero son más convincentes que el cura en el confesionario. Pienso que mejor es hablar de Pepe Biondi en lugar de Batman cuando me preguntan por algo que veo en la tele. Aparentemente aprobamos, podemos ir a la recorrida del Colegio, el benemérito Colegio de la Patria donde estudiaron Manuel Belgrano, Mariano Moreno, Juan José Castelli, etc. El vicerrector que nos acompaña dice que los que estudian en el Colegio son el futuro de la patria, que gobernaran la nación. Me observan y me advierten que el pelo así no va. Nos detallan el uniforme a usar, veo los túneles de la época colonial, y escucho por primera vez la palabra claustro. Tendrá algo que ver con claustrofobia?

Imagen 8
Ingreso por primera vez, estamos formados y tomamos distancia, vamos caminando y nos recibe un pizarrón con la frase del día del Tte. General Jorge Rafael Videla. Escuchamos aurora, siempre de pie y formados a distancia en el más absoluto silencio con la vista al frente. Termina la música y podemos entrar, busco refugio en el fondo, me toca el banco numero 34, las chicas  se sientan todas juntas, son pocas, alrededor de diez. Ingresa el preceptor, toma lista y nos detalla cual debe ser nuestro comportamiento. Unos días más tarde en un recreo  nos damos cuenta que venía armado, igual no sabíamos que era un servicio. Para mí, esos primeros días fueron todo un desafío, prácticamente no hable con nadie, solo escuchaba la campana de San Ignacio cada quince minutos. En la hora de Latín, pedí una hoja y la profesora que me vió distraído, me llamó para dar oral, no supe las respuestas y me puso un uno, mi primera nota en el secundario.

Imagen 9
Están sonando las campanas como cada quince minutos, son las doce. El profesor de literatura nos dice que hoy nos vamos antes, el motivo es el comienzo del mundial de futbol Argentina 78. Reviso una y otra vez mi entrada, voy hasta Plaza de mayo a tomar un colectivo a Retiro y de ahí, otro que me acerque a la cancha de River. Tengo tiempo para llegar a ver la ceremonia inaugural. Lo que veo en la cancha es igual a lo que dicen las revistas, todo es ordenado, nos comportamos para que nos mire el mundo, las postales que enviamos a donde nos decía Para Ti dieron resultado, hay un montón de extranjeros. El partido es aburrido 0 a 0. Quiero ver a la selección que juega mañana. Hace  mucho frio.

Imagen 10
Nunca sentí tanto frio, estamos en el Rio de la Plata, hoy no tenemos gimnasia, tenemos que hacer el último ensayo, la semana que viene desfilamos. Izquierdo, izquierdo, izquierdo, derecho, izquierdo. Miren a la derecha, mantengan la línea con sus compañeros. No podemos llevar suéter, ni bufanda, ni guantes,  solamente camisa, saco y corbata. Si hace mucho frio podemos usar papel de diario debajo de la camisa. Llegó el día, ahí pasa el Liceo Naval, vamos al mausoleo de Belgrano, nos quedamos formados mientras oímos un discurso y una misa o algo así, luego de la bendición del capellán militar finalmente podemos volvernos a casa. No se nos habría ocurrido una mejor manera para pasar un feriado. Desfilando.

Imagen 11
Es de noche y hace mucho frio en Junio en Buenos Aires. Salimos de la cancha, perdió Argentina y no tengo entradas para Rosario, mi viejo consigue solamente para él. Jugamos con Polonia y les ganamos 2 a 0, con Brasil terminó empatado en 0. Llega el último partido y me muero de ganas por ir. Un amigo de mi viejo me cede la suya para el último partido, dice que no está dispuesto a ir a 150 km/h como maneja mi viejo, salto de contento. El jueves falto a clases y si ganamos, estamos en la final. El partido con Perú termina 6 a 0, nos despiden de Rosario con banderas y bocinas en las calles. Cuanto tendremos que esperar para que se juegue la final. Al fin llega el gran día. Mi viejo me lleva a comer al Martin Fierro, una parrilla muy cerca de la cancha en la avenida Figueroa Alcorta. Hoy hace casi un año que no sabemos nada del tío Julián. Mi viejo no parece decir nada cuando se lo recuerdo. Estamos a un paso de la cancha y todos tenemos gorros y banderas. Se ve alguna pálida bandera tricolor holandesa y camperas naranjas. Es la final,  la cancha está llena de papelitos, Clemente está en el tablero del estadio. Falta 1 minuto, estamos 1 a 1 se va Rensenbrink solo, el palo nos salva, nuestros corazones vuelven a latir. Hay alargue. Gol. Gol otra vez, los comandantes se abrazan, los jugadores lloran. Somos campeones del mundo. Passarella levanta la Copa. Lo hicimos veinticinco millones de argentinos derechos y humanos  que jugamos el mundial.

Imagen 12
Estamos en una balsa sobre el Rio Paraguay, cruzando a Asunción. El cambista nos ofrece dólares, cruzeiros o guaraníes, cuando ve la patente argentina. Mi padre le contesta en guaraní, dice que no necesita, el cambista en pantalones cortos y con aspecto humilde, se acerca más y en voz baja pregunta, es verdad que hay cadáveres colgados en la Plaza de Mayo, que están matando mucha gente. Mi padre niega terminantemente esa pregunta con tono de afirmación. Acá sabemos lo que pasa ahí, lo dicen en la radio, mi padre le vuelve a contestar en guaraní. Yo niego enfáticamente,  le digo que camino todos los días por la Plaza de Mayo cuando salgo del Colegio y que no hay ningún muerto, que eso es lo que dicen los que hacen la campaña anti argentina. Igual me quedo un largo rato pensando en que diría mi tío, no se lo puedo preguntar. Vuelvo al auto, me quedo mirando a los ojos del cambista, y noto una mezcla de incredulidad y escepticismo.

Imagen 13
Hoy Domingo mi viejo decide cambiar de Iglesia, dice que nos lleva a la iglesia en donde se casó su hermana (mi tía) dice que no es muy lejos 30 cuadras de casa, en lugar de 7 como la que íbamos antes. Hay monjas y hablan un castellano raro, más bien parecen de Francia. Es la iglesia de la Santa Cruz, y eso significará algo muchos años después.

Imagen 14
Es verano en Pinamar es el último fin de semana antes de empezar las clases, ese viernes fui en moto a comprar el diario y La Nación tituló Desembarco Argentino. No entendíamos nada, cuando llego mi viejo a la noche decía que mucha gente estaba contenta y ponía banderas en los autos y las casas. A la mañana siguiente nos llevo a la plaza central y el intendente dio un discurso sumamente importante, decía que ahora podíamos sentirnos argentinos de verdad, y antes que. El lunes volvimos a Buenos Aires y al empezar las clases vi muchas caras nuevas, también había otros que ya no estaban. Tomamos distancia, marchamos, cantamos Aurora y entramos al Aula. Nos dijeron de la importancia del momento de la Patria. Volvimos a creerles y por un tiempo solamente escuche rock nacional. Estamos ganando, si quieren venir que vengan. Pero aunque enviamos chocolates y cartas a los soldados. Ellos no la estaban pasando bien. Llegó Junio y ya no derribamos barcos ni aviones, los informes fueron más cortos y los comunicados también. Ya no hay imágenes desde Puerto Argentino. Llegó el Papa, habla de la paz en una misa muy grande frente al Zoológico. Mi padre habla de seguir luchando en la guerra y me pregunto si se acuerda que su papa y su tío murieron en una guerra. Yo siempre odie todo lo que tuviera uniforme porque me recordaba a mi abuelo, muerto en combate. No era algo mas para mí la guerra. El Papa suele tener éxito en nuestras tierras y la guerra terminó dos días después, la gente salió a la calle, pero no festejó. En cambio, gritó, insultó y preguntó, no era que estábamos ganando, y al final el principito nos pateó el tablero y algo más.

Imagen 15
Anunciaron que desempolvarían las urnas que Galtieri había guardado muy bien. Empecé a pensar en militar en política. A esa altura, ya había leído a Bakunin y la historia del movimiento obrero en la Argentina, los socialistas de Juan B. Justo y la historia del Partido Radical. También a Robert Potash y su caracterización del ejército metiéndose en política. Simpatizaba con el Irigoyenismo aunque no me cerró nunca la semana trágica y tampoco la Patagonia Rebelde. Nunca voy a saber de donde salieron esos libros del Centro Editor de América Latina o las revistas Crisis. Luego me enteré que esos libros no los pudieron quemar porque el tío Julián me los había prestado para que los leyera y estaban mezclados con los libros de mi colección Robin Hood. Ensobré boletas de Alfonsín, para que mis viejos no sospecharan que yo militaba en el PI. Y nunca les conté que marchaba junto a la multipartidaria gritando paredón paredón, frente a la Catedral. Algunos hombres de bigotes tupidos se entretenían sacandonos fotos.

Imagen 16
Estamos en mi casa, nos habíamos reunido varios compañeros del Colegio, esperamos los resultados hasta la madrugada, luego sacamos fotos y salimos a festejar. Algo se había roto, ahora conocíamos lo que era votar. Tenía 18 años pero el empadronamiento militar no aceptaba a los que no habían cumplido esa edad 6 meses antes del 30 de Octubre. Me resigne a escribir pizarrones con el logo del partido y VOTE LISTA 6. Otro compañero mío lo borraba y proponía que votemos a la UCD. Por suerte éramos 2 del PI y siempre borrábamos esa pintada, otras veces para que no se diera cuenta corregíamos la d y poníamos una r en su lugar.

Imagen 17

Mariana mi novia acepto mi pedido y fuimos al cementerio de Flores, buscamos una tumba alejada y dejamos ahí las flores que habíamos llevado. Finalmente entendí que nunca más iba volver a ver al tío Julián.

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